martes, 12 de octubre de 2010

INTELIGENCIA EMOCIONAL EN PLENO VUELO: ¿CÓMO ENGAÑAR A LA AMÍGDALA?

Hace unos años, me tuve que desplazar a Budapest para trabajar en un proyecto. Cuando nos aproximábamos a Múnich para cambiar de vuelo, mi avión no logró evitar el ojo de una tormenta. El aeropuerto de Múnich tuvo que cerrar durante media hora y todos los pasajeros que nos encontrábamos a bordo experimentamos el significado de la palabra “pánico”, sobre todo cuando nos percatamos que hasta la propia tripulación se estaba poniendo muy nerviosa.  No podía cesar de pensar que cabía la posibilidad de no llegar a salvo a destino. ¡Fue una de las peores experiencias de toda mi vida!
Meses más tarde, tuve la oportunidad de asistir a un magnífico seminario en Michigan impartido por un renombrado coach corporativo y de deportistas de élite, que narró una experiencia personal idéntica a la mía, pero desde un enfoque mental muy diferente:
En una ocasión, regresaba a casa tras haber impartido un seminario a un grupo de directivos en Oregón, y tomé un vuelo nocturno. A la media hora del despegue, el piloto anunció que mantuviéramos los cinturones atados, ya que íbamos a atravesar turbulencias. Pero cuando añadió “conseguiremos pasar la tormenta, no se preocupen” es cuando realmente se me puso la piel de gallina. Nunca antes, me había encontrado en una situación en la que el piloto se aseguraba de mencionar que llegaríamos a nuestro destino final; siempre lo había dado por sentado.
Cuando las turbulencias empezaron, nunca había experimentado nada igual. Parecía como si el avión hubiera caído varios cientos de metros de golpe, como si fuera a darse la vuelta. Podía oír el ruido del metal del avión provocado por las turbulencias y me preguntaba cuánto más tiempo aguantaría el avión. Todo el mundo gritaba, hasta las azafatas. La voz del piloto se oyó de nuevo por los altavoces, una voz nada tranquilizadora, informando que el cambio del tiempo había pillado a la torre de control por sorpresa y que lo único que podía hacer es atravesar la tormenta.
Estaba aterrorizado y mi cuerpo estaba en un estado cercano al pánico. Apoyé la cabeza contra la butaca, cerré los ojos y me dije a mí mismo: “¡Un momento! ¿Es todo este miedo una respuesta inteligente? ¿Me va a ayudar si el avión se estrella? Si tuviera la más remota posibilidad de salvarme, ¿me ayudaría a encontrar la salida con rapidez, cargando con todo este peso que me genera la ansiedad?
Entonces me dije a mí mismo que no eran las turbulencias las que estaban auto destruyendo mi fisiología en esos momentos, sino más bien la respuesta de mi cuerpo a las turbulencias.
Con los ojos cerrados y la cabeza bien apoyada en el asiento forcé una sonrisa en mi cara. Sabía que para bloquear las células del miedo en la amígdala, tenía que usar una imagen poderosa…y pensé en la imagen de mi juventud, cuando en verano, mis amigos y yo íbamos a la feria; mi predilección eran los autos de choque. Nos subíamos a ellos y como locos íbamos contra cualquiera que se nos cruzara en la pista. Me vi riendo y pasándomelo bien, hasta incluso podía oír la música del carrusel. Los gritos del avión se convirtieron en los gritos de gente que se divertía y en cuestión de segundos mi fisiología se había transformado. Conseguí engañar a la amígdala, haciéndola pensar que estaba disfrutando con los autos de choque en la feria, en lugar de estar en un avión que luchaba por mantenerse en vuelo.
Cuando aterrizamos, al abrir los ojos, estuve a punto de decir “¡qué vuelo tan estupendo!” Estoy seguro que la gente que me había visto sonreír durante el vuelo habría pensado que había perdido la cordura”.
El gurú americano de inteligencia emocional, Daniel Goleman describe la posición tan privilegiada de la amígdala como centinela emocional del cerebro. Las señales sensoriales visuales o acústicas viajan al tálamo y de ahí a la amígdala. Sin embargo, se produce una segunda señal que envía el paquete de información recibida en el tálamo hasta el neocortex – la mente pensante. De esta manera, la amígdala tiene la posibilidad de responder antes de que lo haga el neocortex, explicando así nuestras reacciones impulsivas ante ciertas situaciones.  
Siendo conscientes de cómo funciona nuestro cerebro y de que podemos entrenarnos para engañar a la amígdala, ¿Por qué no utilizar este conocimiento para aprender a gestionar mejor nuestras emociones? ¿Cómo podemos aprender a no reaccionar impulsivamente la próxima vez que nos veamos envueltos en un conflicto laboral? ¿Cómo mejorar nuestras relaciones con los demás? ¿Cómo podemos aprender a empatizar más y a comunicarnos mejor? ¿Qué otros muchos objetivos personales y profesionales podríamos alcanzar si en lugar de dejar que la amígdala secuestrase nuestras emociones, utilizáramos toda esa energía de manera positiva?
El coaching es sin lugar a dudas una herramienta indispensable para aprender a evolucionar en todos estos aspectos; nos ayudará a aclarar y priorizar nuestros valores, que son la brújula que guía nuestras decisiones; nos hará tomar consciencia de nuestras creencias limitadoras para reemplazarlas por creencias fortalecedoras; nos ayudará a entender mejor nuestras emociones y nos guiará a la hora de establecer objetivos vitales que nos motiven tanto personal como profesionalmente.
El coaching es una metodología personalizada que se centra en estimular el desarrollo permanente de las habilidades de un individuo, de un equipo o de una organización. Se trata de una metodología que remonta a la época de la antigua Grecia. Sócrates recurría al arte de hacer preguntas para guiar a sus alumnos por el camino de la reflexión; Sócrates no pretendía “enseñar a hacer” a sus alumnos, sino que quería que éstos fueran capaces de “aprender a hacer” por sí mismos. Precisamente esta metodología basada en el “aprender a hacer” conseguía que los cambios de paradigma realizados fueran profundos y perdurables.
Hoy en día, individuos y empresas recurren a los procesos de coaching individuales y/o corporativos para tratar temas tales como:
·   Trabajar el autoconocimiento
·   Aumentar la autoestima
·   Desarrollar la confianza
·   Gestionar más eficazmente el tiempo
·   Desarrollar determinadas habilidades personales y/o  profesionales
·   Identificar y eliminar creencias limitadoras o barreras personales
·   Mejorar la gestión de conflictos
·   Aprender a liderar con efectividad
·   Desarrollar la escucha empática y mejorar la comunicación
·   Superar el miedo a hablar en público
·   Mejorar las dinámicas de equipo
·   Identificar motivadores de estrés
·   Mejorar la motivación personal y/o profesional
·   Alinear objetivos personales con los profesionales
·   Gestionar las emociones
·   Desarrollar la adaptación al cambio

Los procesos de coaching se centran en ayudar a los clientes a realizar una toma de conciencia sobre su realidad, sobre las barreras, retos o problemas que afrontan y sobre los nuevos paradigmas que han de instaurar en sus vidas para alcanzar los objetivos propuestos. Se trabaja el carácter del individuo, no tanto la personalidad; sólo es posible iniciar el camino transformacional hacia el éxito si empezamos desde nuestro interior, analizando nuestras propias creencias, valores, emociones y objetivos.

¡Gracias al coaching, volar de pleno en el ojo de la tormenta no volverá a ser una experiencia tan traumática como lo había sido hasta ahora!

2 comentarios:

  1. Jorge:mis mejores deseos para este viaje!!feliz vuelo!!un abrazo.Montse F.

    ResponderEliminar
  2. Jorge,felicidades por este excelente artículo descrito con gran fuerza emocional, has conseguido que por un momento me sintiera en el centro de la tormenta, por suerte hemos aterrizado!!!
    Comparto contigo que cuando permitimos que nuestras emociones secuestren nuestra capacidad de pensar no somos dueños de nuestras decisiones.
    Tengo ganas de leer tu próximo artículo!!
    Hermínia Gomà

    ResponderEliminar